Tratamientos
de fobias

Tratamiento del miedo a conducir o amaxofobia

 

En general, las fobias se caracterizan por un intenso y desproporcionado miedo ante un objeto o situación. Al miedo a conducir se le denomina amaxofobia, palabra de etimología griega: amaxo = carruaje y fobos = miedo.

La amaxofobia es un problema extendido entre la población, mucho más de lo que los afectados imaginan (a menudo se vive en silencio y soledad, tendiendo incluso a esconderlo).

La persona que padece esta fobia desarrolla una serie de pensamientos desajustados de la situación real existente, generando miedo. A su vez, este miedo desencadena una respuesta del sistema nervioso autónomo, produciendo una fuerte y desagradable activación fisiológica (palpitaciones, taquicardia, sudores…). Esto configura una situación de “descontrol” ante la que la persona afectada construye un mecanismo de evitación y huida que acaba incapacitándola para poder conducir con “normalidad”.

 

¿A quién afecta la amaxofobia?

 

Según un estudio del Instituto MAPFRE de Seguridad Vial, la amaxofobia afecta a más del 33% de las personas con carnet de conducir, teniendo una especial incidencia entre las mujeres (el doble que hombres).

Se distingue entre los que muestran miedo en circunstancias específicas (sólo en puentes, autopistas, etc), un 27% de los conductores, y los que presentan un miedo paralizante que les imposibilita totalmente la conducción (6%).

 

Para vencer tu miedo a conducir

 

Nos interesa comprender “el cómo y el qué» de lo que sucede, más que «el por qué«, con una orientación clara hacia las soluciones.

Para facilitar el cambio, se diseñan tareas e intervenciones terapéuticas que movilizan las capacidades de cambio del cliente, creando una nueva forma de percibir la realidad, planteada hasta este momento como problemática, mediante la vivencia de su solución.

 

La solución. Tratamiento de la fobia

 

Cada persona es un mundo y con cada una construimos, conjuntamente, su camino hacia la solución, en función de sus necesidades y características personales.

Las primeras sesiones terapéuticas las realizamos en nuestra consulta y las siguientes, si el conductor tiene experiencia y vehículo propio, trabajamos en su coche.

Si la persona tiene carnet pero nunca ha consolidado su proceso de aprendizaje y/o ha pasado mucho tiempo desde que obtuvo el permiso de conducir, trabajamos en coordinación con una autoescuela para que en una primera fase haga unas sesiones de reciclaje con un vehículo preparado para ello en un ambiente seguro.

Nuestro tratamiento está orientado a la construcción de la solución en el menor tiempo y con el mínimo sufrimiento posible por parte de la persona afectada, mediante:

  • La ruptura del bucle entre percepciones y reacciones aprendidas que configuran el problema actual.
  • Facilitando y promoviendo el cambio, mediante la vivencia de acciones que conducen a la persona a experimentar de forma satisfactoria su realidad conflictiva.
  • Consolidando la instauración de nuevas estrategias, facilitando la autonomía y la recuperación de la autoestima, muchas veces dañada.

Si necesitas más información, contacta aquí con nosotros.

Durante el estado hipnoideo disminuye la tendencia a estar alerta, ansioso y pendiente de los detalles que nos rodean, para concentrar la atención en los pensamientos, sensaciones o abstracciones que verdaderamente nos interesan. Con ello focalizamos a voluntad nuestros pensamientos y emociones, aprendiendo a gestionarlos de forma que nos faciliten ese cambio deseado.

En estado de trance hipnótico somos capaces de trascender nuestra manera habitual de pensar y sentir, lo que nos permite descubrir nuevas opciones para mejorar nuestra adaptación al entorno.

El objetivo terapéutico estará en función de los intereses y dificultades que cada uno identifique y desee mejorar. No obstante, cabe mencionar que la hipnosis está especialmente indicada en:

  • Tratamiento de trastornos psicosomáticos
  • Control del estrés y disminución de la ansiedad
  • Cambiar hábitos nocivos por otros estilos de vida más saludables
  • Facilitar el control del dolor
  • Psicoprofilaxis quirúrgica

Así mismo la autohipnosis puede ayudar a desarrollar alguna faceta personal, aún cuando no exista ninguna patología, logrando:

  • Desarrollar una actitud mental positiva
  • Aumento de la concentración, atención y memoria
  • Mayor autocontrol, seguridad y confianza en uno mismo
  • Relajación física y mental
  • Disminuir los temores
  • Cambiar conductas y condicionamientos
  • Descubrir nuevos aprendizajes
  • Facilitar la toma de decisiones y resolución de problemas
  • Mayor descanso reparador durante las horas de sueño
  • Crear autosugestiones que acerquen a los propios objetivos

Existe un gran número de concepciones erróneas que orbitan alrededor de la hipnosis, muchas de ellas causadas por programas de televisión y espectáculos, así como por el propio desconocimiento de lo que es la Hipnosis Clínica y Ericksoniana.

Como consecuencia de estos mitos, a menudo se cree que la persona que está en hipnosis pierde la conciencia y la voluntad, que es una forma de sueño, que se está bajo el control del hipnotizador, que se olvida todo mientras se está en trance o que los individuos hipnotizables son mentalmente débiles o incultos.

En realidad, se trata justamente de todo lo contrario. La persona hipnotizada escucha perfectamente lo que dice el profesional, en un estado de gran concentración. No está dormida, sino despierta y lúcida. Se tiene intacta la voluntad, hasta el punto que si la persona no quiere ser hipnotizada, no va a entrar en trance porque se mantiene conservada en todo momento la capacidad de tomar decisiones y nunca se hará nada que no se desee. No será aceptada ninguna sugestión que vaya en contra de los intereses y valores ético-morales del hipnotizado, ya que la persona saldría automáticamente del trance.

La mayoría de la gente recuerda todo o casi todo lo que se dijo durante la sesión, a no ser que terapéuticamente se necesite crear una amnesia mediante orden posthipnótica (en algunos casos también se puede producir una amnesia espontánea parcial). Por último, existe una correlación positiva entre inteligencia e hipnotizabilidad ya que, para que la terapia bajo hipnosis sea eficaz, se requiere tener un alto grado de concentración, imaginación y capacidad de visualización creativa.

También existe la idea errónea de que en hipnosis la persona puede revelar todos sus secretos, como pudiera ocurrir con el suero de la verdad. Ante esto cabe recordar que el paciente ha acudido voluntariamente al profesional porque confía en que este le va a ayudar y acompañar en su proceso de cambio. Así que compartirá con el hipnólogo aquellas cuestiones relacionadas con su terapia, siempre y cuando desee hacerlo, sabiendo que es para su propio beneficio.

Otro mito muy extendido es que la persona hipnotizada siempre se encuentra en un trance muy profundo llamado también sonambúlico. En realidad la hipnosis tiene determinados estadios, y lo que nos interesa más desde el punto de vista clínico es que podemos trabajar con muy buenos resultados en un trance medio o incluso ligero.

Y otro miedo infundado es el de no poder ser deshipnotizado. Esto sería equivalente a afirmar que cuando nos abstraemos con nuestros pensamientos mientras viajamos en tren, o miramos una película, ya nunca más vamos a volver a tomar conciencia del entorno. Eso no es posible. Lo máximo que puede pasar es que la ensoñación nos lleve al sueño fisiológico del que, por supuesto, se despertará con normalidad.

En resumen, la hipnosis es un estado voluntario y confortable, con diferentes grados de profundidad, caracterizado por una reducción de la actividad periférica, en el que se mantiene una concentración especial, con una suspensión voluntaria de la capacidad analítico lógica propia del hemisferio cerebral izquierdo, lo que conlleva un acceso más fácil a los procesos inconscientes, facilitando la búsqueda de respuestas internas.

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